El congreso internacional de tsunamis en la península ibérica se celebra hoy y mañana en el Museo de Málaga. Los únicos registros geoarqueológicos del tsunami sucedido en el año 881 en el sur de España se han encontrado en Estepona.

La ponencia se titula»Posibles evidencias del maremoto del año 881 d. C. en el casco urbano de Estepona (Málaga)»en la que analizan las huellas del tsunami del siglo IX aparecidas en las excavaciones de un solar de la calle Real, nº 98. La exposición es presentada por un equipo interdisciplinar en el que colaboran geógrafos, arqueólogos, geólogos y oceanógrafos encabezada por el profesor Carlos Arteaga, de la Universidad Autónoma de Madrid.

Uno de los miembros de este equipo es el arqueólogo municipal de Estepona, Ildefonso Navarro que también participará en la ponencia. Junto a él y al director de este equipo estarán el arqueólogo, José María Tomassetti; el geólogo Francisco Torres, de la Confederación Hidrográfica del Sur, Carlos Narváez Flores de la Universidad Autónoma de Madrid, Sayantani Neogi y Sean Taylor de la Universidad de Cambridge y Javier Alcantara-Carrió de la Universidad de Sao Paulo.

En este proyecto de investigación, los expertos desplazados a Estepona han valorado el interés de los hallazgos. Tras el trabajo de campo se está realizando el trabajo científico para analizar las olas e incorporar las conclusiones para el conocimiento del medio en el que vivimos y la prevención de nuevas catástrofes. Las muestras del suelo tomadas fueron analizadas en el laboratorio, una vez solidificadas, para hacer un examen detallado de toda la información que puede aportar.

El profesor de la Universidad Autónoma de Madrid, Carlos Arteaga, sostiene que para detectar un paleotsunami hay que encontrar en el mismo sedimento restos de material de fondo marino y material continental para poder certificar que se trata de una ola de tsunami. Según la documentación histórica existente, en el caso de la Estepona del siglo IX podría haber supuesto una pequeña catástrofe, que habría afectado a la ciudad derribando algunas edificaciones, si bien, en estas épocas las olas eran frenadas por las murallas.

Las obras de remodelación que se han llevado a cabo en el casco antiguo han traído consigo descubrimientos como el de una villa romana (siglos II-IV d.C) que se extendía hasta el castillo de San Luis y la calle Álvarez de la Vega; o la existencia de todo un barrio dedicado a la alfarería en las calles Torrejón, Sevilla y sus alrededores. Además, en la plaza de las Flores se descubrió la tenería medieval mejor conservada de la península ibérica.



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