«Mi infancia fue muy feliz, mi vocación desde pequeña era cantar. La gente que me veía por mi pueblo actuar a esa edad me decía que le gustaba. Esas palabras me ayudaron a creer más en mí. Así empecé, jugando a actuar, así era mi manera de jugar. Cada día tengo más claro que yo he venido a hacer esto».

La conocimos subida a un pequeño escenario de nuestro pueblo vestida de flamenca y con una voz tan grande como los escenarios que pisa ahora nuestra Esteponera más internacional.

«Yo soy más flamenca que unas castañuelas

 Mis raíces son el flamenco. Mi madre siempre cantó flamenco y respire mucho arte desde casa. Yo soy más flamenca que unas castañuelas. Con el paso del tiempo vas aprendiendo y poco a poco vas evolucionando hasta convertirme en lo que hoy en día soy. Pero tengo claro que esto no acaba aquí,  aún sigo aprendiendo y estudiando todos los días. Aprendo de cada persona nueva que conozco, cada lugar que visito, esta profesión nunca para de enseñarte algo nuevo.

Ahora hago música con tendencias latinas, muestra que me gusta reinventarme y estar acorde con los nuevos tiempos y tendencias.

Soy una artista que se reinventa cada dos por tres. Y creo que eso es importante. Actualmente me considero una artista pop antes de todo, toco el soul y lo latino, pero siempre intento que lleve una concordancia.

En mi nuevo single vais a notar un ligero cambio, más madurez en mi persona. Quiero que la gente vea en que momento me encuentro ahora mismo.

Además me hace mucha ilusión porque comparto el tema con Sean Kingston, yo recuerdo que el cantaba algunos temas con Justin bieber, yo era super-mega fan de él y me hace mucha ilusión compartir un single con Sean».

 En ningún momento Ana Mena se sintió sola en su aventura, desde muy pequeña estuvo arropada por sus padres y su hermano, su madre fue el pilar principal de su carrera artística y con quien vivió muchas aventuras, buenas y otras no tanto.

«Se lo agradeceré toda la vida a mis padres. Mi madre me enseñó y ayudó muchísimo cuando estaba empezando. Ella es muy flamenca y con una voz impresionante, me enseño todo, de ella he sacado yo la garganta. No te imaginas el esfuerzo que tuvieron que hacer ambos para permitirme jugar con la música. Lo que para mí era un juego, para ellos suponía un esfuerzo muy grande.

Hemos vivido cosas que no os imagináis. Hemos luchado mucho, invirtieron mucho en clases de canto, muchos viajes, palizas en coches, muy pocas horas de sueño, muchos ensayos, todos tuvimos que hacer un gran esfuerzo. Recuerdo a mi padre conduciendo de ciudad en ciudad porque teníamos dos actuaciones en la misma noche, mientras yo intentaba dormir detrás, mi madre preparándolo todo en el mismo coche para la siguiente actuación. Tenemos para escribir un libro y todo porque yo quería, tengo unos padres impresionantes.

En esta vida y en esta profesión como en todas, nada te viene regalado., he tenido mucha suerte de tener los padres que tengo. Se lo debo todo».

Para Ana hay un gran momento importante en su carrera que marcó el despegue hacia el instante profesional que vive.

«Tengo claro que gracias a la confianza que desde el primer momento tuvieron mis padres en mi yo estoy donde estoy, fueron ellos quienes me descubrieron. Pero quizás, la miniserie Marisol fue el momento despegue de mi carrera. Ahí comprobé que la interpretación también es algo que me apasiona. Esa experiencia me sirvió para mejorar a la hora de cantar, yo siento que cuando canto tengo que interpretar lo que siento, cantar e interpretar van de la mano.

Para mí la música es la vida, todos los días necesito la música, si no, me muero. Necesito cantar todos los días, para mi es todo.

Algún día por circunstancias me he quedado afónica, no podéis imaginar  lo que sufro. Aunque me cuido bastante para que esto no ocurra, salgo muy poco de fiesta, entre otras cosas. No quiero que me falle mi herramienta de trabajo, la voz hay que cuidársela».

¿Como te preparas antes de actuar?

«¿Sabéis que hago antes de subir al escenario? Cantar flamenco (entre risas). El flamenco me sigue ayudando, antes de subir a un escenario me quito los nervios cantando flamenco, me da seguridad y lo uso para calentar la voz, cantar flamenco no es fácil y si sale eso bien, subo más tranquila. Mi equipo, con el que viajo, son casi todos de Madrid, se quedan alucinados cuando me escuchan tras bambalinas cantando flamenquito del bueno».

«TRABAJO MUCHO Y SIEMPRE LUCHÉ Y  SOÑÉ CON QUE ALGÚN DÍA LLEGARA ESTE MOMENTO«.

Ana considera que ama su profesión, y tiene claro que no la cambiaría por otra, pero al mismo tiempo reconoce que es muy dura, a la vez que gratificante.

«Es una profesión muy sacrificada, paso muchas horas en un avión o en un tren, se pierden muchas horas de sueño. Te separas de tu familia y tus amigos. Admiro a esos artistas que llevan años haciendo esto y han comprendido esta forma de vida como algo natural, porque esta profesión desgasta mucho. Es una profesión donde hay muchos altos y bajos. Hay que sacrificar mucho, pero al final merece la pena todo el esfuerzo que se hace, porque te permite estar al lado de la música. Sentir como más de 20.000 personas cantan contigo tu canción es muy fuerte. Esos son los regalos que te da esta profesión.

Y por supuesto, aprendes muchísimo, conoces a mucha gente interesante, no paras de ver cosas nuevas. Es curioso porque cuando te mezclas con tantos artistas descubres ese puntito de locura bonito que poseen y que es maravilloso. Estoy muy contenta, me encanta mi trabajo».

Ana sigue muy unida a Estepona, mantiene aquí su familia y su residencia, el trabajo no le permite estar en su pueblo todo el tiempo que ella quisiera, pero cuando puede escaparse, aprovecha al máximo su estancia en el lugar que la vimos nacer.

«Siempre busco un hueco para ver y charlar con mis amigos de Estepona. Actualmente vivo en un hotel casi todo el año. Es mi casa de estos últimos tiempos, voy cambiando de ciudad y hotel cada dos por tres.  Mi tierra me tira mucho y aprovecho cualquier momento para venir y estar con mi gente. Me siento muy querida en Estepona, cuando salgo a la calle la gente me felicita, es una cosa que me hace mucha ilusión. Yo en cada sitio que voy digo de dónde vengo, eso para mí es un orgullo. El nombre de Estepona lo estoy paseando por el mundo.

 Estar con la familia y los amigos de siempre es mucho, los necesito, los quiero, ellos siempre han estado a mi lado. Si pueden, vienen a mis conciertos y hacen lo que sea por seguirme. Me hace muy feliz y les estoy muy agradecida que estén compartiendo conmigo este momento que estoy viviendo. No me canso de dar las gracias a toda esa gente que me sigue, son mi vida, gracias a ellos hacen que me levante todos los días y me permiten hacer lo que más me gusta, sin ellos yo no soy nada ni nadie».

Para terminar, ¿cómo te ves de mayor?

«MMMM déjame pensar….  de mayor lo que tengo claro es que me veo canturreando por mi casa o por el mundo, lo que la vida quiera«.

La dejamos preparando la maleta para un mes y a sus padres malos de pensar que su hija vuelve a partir con su equipo por esas carreteras y aeropuertos del mundo. Nuestra Ana Mena sale una vez más al mundo a demostrarle que le sobra arte y que ella ha nacido para esto. Primera parada Las Vegas, continuará por América donde ya cantan sus canciones, aquí en Europa también bailamos sus ritmos y en Estepona te seguiremos escuchando y queriendo. Gracias por regalarnos tu experiencia y tanta sinceridad. Mucha suerte en todo, esteponera.

 



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