“Mi familia esperaba que fuese administrativa pero decidí dedicarme al mundo de la música porque solo se vive una vez y hay que creer en lo que uno siente.”

Estuvimos hablando casi una hora con la artista esteponera, nos atendió en su casa donde vive con su pareja y su perrita Tana.

Ana recuerda su infancia como una niña feliz gracias a sus padres y familia que se lo dieron todo,mis padres me dieron todos los valores necesarios para ser lo que soy hoy en día, me hicieron una niña feliz, me dieron buen alma.”

Nos cuenta que de pequeña le encantaba disfrazarse y cantar. En el colegio los profesores siempre contaban con ella para cualquier actuación, a ella le encantaba formar parte de esos espectáculos escolares en los que disfrutaba como nunca.

“En los primeros años de mi vida, mis padres querían que estudiara inglés e informática, pero yo siempre buscaba la manera de estar metida en el mundo del arte, ya fuese en el colegio o con los amigos del barrio. Tenía claro lo que me gustaba.”

Estudió en el colegio Juan XXIII y nos habla de uno de sus profesores, Manuel Sánchez Bracho, amante de la cultura en general, “él fue quien me ayudó a conocer el arte y la cultura”.

Con sus hermanos, Ana jugaba a cantar y a hacerse entrevistas unos a otros, eran sus juegos favoritos, ya se veía despuntar desde muy temprana edad. Nos cuenta que de pequeña se organizaban muchas reuniones familiares o de amigos en las que inevitablemente el arte se derrochaba y la familia de cantaores Salas Díaz y su hermano Chico Fargas, percusionista, coincidían en que esa niña valía pa cantar”.

A los nueve años empezó a tener contacto con el flamenco y curiosamente fue un regalo de su padre que marcó el pistoletazo de salida para la carrera musical de esta simpática esteponera.

“Me aficioné al flamenco porque mi padre me regaló una cinta del Lebrijano y el Camarón, me la aprendí enterita. 

Fué en este momento cuando descubrí que lo mío era el flamenco. Pero para cantar flamenco hay que tener cualidades y un algo más, desde entonces empecé a trabajar para descubrir todo lo que había que tener para formar parte de este mágico mundo”.

Actualmente está unida sentimentalmente y profesionalmente a Paco Javier Jimeno, reconocido guitarrista de flamenco, al que le está muy agradecida.

“Paco ha sido mi principal mentor y orientador en el flamenco, he tenido la oportunidad de acompañarlo en muchos festivales que me han ayudado mucho a mejorar y aprender más. Le debo mucho”.

“Compartir profesión con tu pareja sin duda suma, pero hay que reconocer que también desgasta. Trabajar y vivir con la misma persona no es fácil, pero intentamos separar un poco esas dos situaciones”.

Ana también ha conocido el sin sabor de esta profesión.

“Hay cosas en las que pones todo el corazón y el alma y no recibes la misma respuesta. En esta profesión se necesita un poco de suerte y aunque Estepona es una zona muy flamenca, a Málaga le cuesta mimar a sus artistas. Esto no es Cádiz o Sevilla donde el flamenco esta mejor valorado”.

“Reconozco que hay mucho flamenco del malo, que ese no nos gusta ni a los flamencos, pero sí que hay que apoyar más en Málaga a nuestras raíces y a la gente que seguimos luchando por este arte”.

Valora positivamente el no depender de discográficas aunque reconoce que es mucho más complicado sacar adelante ella sola todo el trabajo.

“Yo no tengo a 20 detrás haciéndome el trabajo, así que tengo que estar pendiente de todo lo que conlleva mi carrera. Pero esto me hace sentir más libre porque no dependo de discográficas”.

Embajadora de nuestro pueblo por donde quiera que va, Ana se siente muy querida en Estepona.

“En Estepona me siento muy querida, mi pueblo me ha dado muchas satisfacciones, aquí he aprendido, he conocido a muchos artistas y me he desarrollado. Cuando he tenido que presentar un nuevo espectáculo he sentido el apoyo del pueblo, eso es muy gratificante.

Me alaga mucho que por la calle me paren y reconozcan mi trabajo, aunque a veces me da un poco de vergüenza porque soy un poco tímida en ese sentido”.

Según nos cuenta la artista, el mundo de la canción requiere 24 horas al día; nunca dejas de aprender, es un trabajo duro, siempre estás aprendiendo algo nuevo y no puedes dejar de hacerlo porque te quedas atrás”.

Le preguntamos por ese momento tan especial para los que se suben a los escenarios a mostrar su arte ante un público a veces muy exigente.

“Minutos antes de subir al escenario me muero, me entra dolor de barriga voy al baño, no quiero que nadie me hable, necesito estar sola y concentrarme. Ya una vez  pasado esos nervios y estoy arriba, ese momento es para mí. Me olvido del mundo exterior totalmente. Cada vez que me subo a un escenario es un día nuevo que nunca se sabe lo que te puede ocurrir, solo quiero que todo salga bien, que no haya fallos”.

“La garganta es un instrumento natural donde influye todo, porque todas las emociones pasan por la garganta. si tienes un día malo puede influir en el momento de cantar. Tienes que olvidar todo lo malo que te haya ocurrido y concentrarte en ti, decirte que «este es mi momento» y lo tienes que dar todo”.

La cantante nos cuenta entre risas una anécdota simpática que le ocurrió en una presentación de uno de sus discos. Una experiencia que también cuenta en reuniones entre amigos, para echar unas risas.

“Me compre un micrófono fantástico, carísimo. Me pase una semana hablando de las maravillosas cualidades de mi nueva adquisición y lo bien que me iba a salir todo gracias a la calidad de la nueva compra. Era un estreno de un disco, todo estaba preparado para que no fallara nada. Comienza el espectáculo con la puesta en escena, cuando me dispongo a cantar, ocurrió lo que jamás me imaginaba que pudiera pasar, ¡el micrófono no funcionaba!. Ese carísimo micrófono me dejó en silencio absoluto, ya todo fue un desastre. Tuve que hacer la actuación sin micro. El estreno fue fatídico”.

Ana nos cuenta que también le hubiera encantado ser actriz no dejo de hacer sus pinitos de la mano de Juan Jesús Luque, quien la preparó para las pruebas de acceso a la escuela de arte dramático en Málaga. Experiencia que la considera muy positiva porque le ayudó para el cante, su pasión.

Actualmente la podemos encontrar en el centro cultural Padre Manuel desde donde imparte clases de cante para el esteponero que quiera aprender de una de las grandes de nuestro pueblo.

“Estoy muy feliz con mis alumnos, los tengo de todas las edades, jóvenes y mayores que buscan disfrutar, aprender, compartir.

Fuera de las clases tengo bastante trabajo, estoy muy contenta con el resultado de mis dos discos, Reflejo de amor y Azulana, tengo muchas actuaciones en peñas flamencas que son otro mundo, así estoy y quiero seguir sin parar de trabajar”

 

Hablándonos de su próxima actuación en Estepona en «Louie Louie», puerto deportivo, en un concierto que da Paco Javier Jimeno. Ella dedica unas palabras a su compañero de vida y escenarios.

“Jimeno esta ahora tocando pa rabiar encontrándose en un momento que toca, no para sorprender, si no para conmover. Será un concierto muy íntimo que no debéis perderos.

Aunque yo no soy partidaria de copas y actuación, porque el flamenco que nosotros hacemos requiere atención y respeto. Actuamos en el Louie Louie porque allí se nos entiende en ese aspecto”.

Ana, ¿cómo te ves de mayor?

“De mayor me veo una abuelita con mucho salero, cantando y bailando en todo momento. Así era mi abuela, una mujer que siempre se la veía feliz, sin duda he sacado sus genes. Era una mujer siempre alegre, divertida, graciosa, salerosa, lo tengo claro seré como ella”.

Ana María Fargas, una mujer criada en Estepona, muy agradecida a la vida y a su profesión por todo lo que le ha regalado. Disfruta cada minuto de sus días trabajando en lo que más ilusión le hacía de pequeña, hacernos sentir emociones con su voz y su arte.

“Me siento muy contenta porque gracias a la profesión que elegí, he conocido mucho mundo, gente de todo tipo. Sin duda, esta gran cosa que me ha regalado la vida me ha enriquecido como persona. La profesión que he elegido me ha formado para conocerme a mi misma. He aprendido a resolver situaciones muy distintas. Todo eso lo veo como muy positivo. Era lo que siempre quise y pese al sacrificio que supone estoy muy contenta de estar en este mundo del arte”.



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